Y, a ella, nos sumamos este año Carlos, Alberto, José Luis, Antonio, Toni, Jorge, Jordi, Angel, Rosendo y Tomás con diferentes ideas con respecto a la pedalada (algunos hicimos la larga con ritmo, otros más tranquilos, otros la corta, etc.), pero, todos, sin excepción, con la idea principal de disfrutar de un magnífico día de BTT con todo incluido: pedalada, cervecitas finales en la carpa de meta, comentarios, fotos en las "cingleres" y en el recorrido y, todo ello, rematado con los magníficos canelones en Ca La Carmina (no sé los demás, pero entre Rosendo, Carlos, Jorge y un servidor, ¡nos zampamos dos bandejas!).
El sábado, José Luis, Antonio y Tomás (creo que Angel, también, no lo sé seguro) ya estaban en la casa, junto a sus familias, que se lo pasaron en grande en la casa y, luego, en la MiniCabrerès. No cabe duda que un fin de semana en plena naturaleza, a pesar del calor que pasaron en la Mini, relaja a más de uno. ¡Espero que os lo hayáis pasado bien!
Caras de sueño a las 6 de la mañana
Jorge, Alberto, Tomás, Rosendo y Carlos antes de la batalla
La salida, ya tradicional, nos hace meternos en la riera de L'Esquirol, para tras dar un par de vueltas por las pistas asfaltadas, salir del pueblo hacia el Feu (sin llegar a él). No llevábamos ni dos kilómetros, cuando, bajando una de las pistas asfaltadas que nos llevaba de nuevo al pueblo, Rosendo se engancha con Tomás y.....¡tortazo de impresión con "patinaje" sobre el asfalto! Con tal mala suerte que, Carlos, intentanto esquivar la bici de Rosendo, que se había colocado en su trayectoria, se fue al suelo, golpeándose fuertemente la cabeza. Resultado: Rosendo tuvo un par de quemaduras en un codo y en la espalda y Carlos tuvo una fortísima sacudida en las cervicales que le dejó mareado para el resto de la Pedalada. Tras comprobar que se encontraban medianamente bien, ¡otra mala noticia! La maneta del cambio trasero de Rosendo se había partido: ¡adiós a la Cabrerès! Bueno...., ¡igual no! Como estábamos muy cerca de meta, le comento que en las carpas de salida es posible que le arreglen la bici y pueda seguir. Se marcha hacia allí y, un cuarto de hora después de la caída, nos despedimos de Rosendo y animamos a Carlos a que intente seguir, ya que, al principio, se hace una subida larga de unos 9 Km y, si se encuentra peor, podía dar la vuelta, de bajada, hasta meta.
Rosendo, sus heridas de guerra y su ¡pedazo de Cannondale!

Grandísima foto con Plato Pequeño (Isa, Mosquito Navarro y Truji): ¡grandísimo Cabrerès hicísteis! Lástima el tortazo de Isa...
Una vez que empezamos a subir, hicimos un par de grupos: Toni, Alberto y Jordi, por delante, con un poquito más de ritmo ya que íbamos a hacer la larga y, por detrás, Tomás, Jorge y Carlos que no parecía recuperarse bien de la caída. Toda la pedalada -aunque, claro está, en las bajadas y, no digamos en las trialeras, los perdía de vista- estuve con Toni y Jordi -¡inmenso el tío! Mientras Toni y yo íbamos a ritmo, ¡él estaba dándose un paseo!-: ¡gracias, compañeros, por darme rueda! La verdad, me vino muy bien llevaros ahí durante las subidas hasta que, casi al final, os perdí definitivamente de vista.
Tras pasar el primer avituallamiento, en el Km. 12, donde me reuní con Toni y Jordi, tras la primera bajada complicada, al final de una trialera, enlazamos con Angel y Juan -un amigo de Angel; corrígeme si no es ése su nombre- y, al poco rato, se nos unieron, para hacer la foto, Tomás, Jorge y Carlos. Tomás nos dice que a Rosendo le han dejado una ¡¡Cannodale!! doble, mucho mejor que su propia bici -¡el año que viene, me "tiro" yo al suelo y rompo lo que haga falta para que me la dejen a mí!-, aunque la mala noticia es que Carlos, finalmente, decide hacer la corta con Jorge ya que no termina de recuperarse de la caída: ¡sabia elección! A veces, hay que sacrificar algo, y si es por la salud, más que mejor.
Con Angel y Juan tras bajar la primera trialera
Volvemos a subir. Nos volvemos a ir Jordi, Toni y yo y, en las bajadas, Tomás se me unía. ¡Qué patoso soy bajando! Bueno, más bien lento y precavido. ¡Hay que ver, sobretodo, como bajan Toni y Tomás! Y eso que el terreno ya sabéis como es: continua piedra y surco, esperando acechante a que te quieras tirar o tropezar con ellos...
Llegamos a Cantonigrós, donde estaba la inútil botifarrada en el Km. 24. ¡La de veces que hemos comentado a los organizadores que la botifarrada se debe poner al final! Todo el mundo sabe que meterse proteínas en mitad de una pedalada, quedando más de 40 duros kilómetros hasta meta, es contraproducente, cuando lo que realmente necesitas son hidratos. Menos mal que, al menos, en los avituallamientos en los que me detuve, han mejorado ostensiblemente y han dejado, por fin, de lado, las habituales naranjas (que refrescan, pero no alimentan) por los más lógicos plátanos, frutos secos, barritas energéticas y alguna bebida isotónica (aunque, luego, en la comida, comentábamos que sabía en exceso a agua: ¿no será que se les acabó el producto...o ni siquiera llevaron?). En fin, organizadores, que parece que váis mejorando, aunque muy lentamente.
Una vez llegado al desvío de la corta, llega la tentación: ¿que hago? La larga, claro está: en mis cinco ediciones anteriores he hecho la larga y no podía ser este año de otra manera. Además, el hecho de poder ir a ritmo con Toni y ver que me encontraba bien y el calor, todavía, no apretaba, terminó de disipar las dudas.
Por detrás, Angel, Jorge y Carlos iniciaban la corta que, según Jorge, no tuvo gran dificultad técnica lo que vino bien a Carlos para llegar en buena condiciones, dentro de las secuelas de la caída. Lo que no sabíamos los demás era cómo iba a ser la larga, pero....ya lo cuento luego. A esas alturas, supongo, José Luis ya debía estar en meta, poniéndose "ciego" de cerveza. ¡Bribón, que bien te lo montas! Encima, junto a Jorge y Carlos, ¡por el mero hecho de hacer la corta!, les regalan una camiseta B-Pro. ¡Sin comentarios! (Es broma, compañeros).
Tras subir el Collet de Rajols, empezamos con las trialeras y, ya habiéndolo notado en mi salida del jueves, compruebo, definitivamente, que algo le pasa a mi suspensión delantera, ya que no deja de golpear en seco en cada bajada. Aún así, en un sendero de bajada, sin ninguna dificultad, disfrutamos de él ya que estaba totalmente limpio de piedra -eso sí, al no llover, el polvo que nos tragamos en toda la pedalada, fue considerable-. ¡Más de tres kilómetros de sendero, en un bosque de robles, realmente fantástico, en continua bajada, con curvas a izquierda y derecha, bonitas de trazar, con poco desnivel; una "pasada" y, al menos para mí, lo mejor de la ruta!
Al salir del sendero -en el que, por supuesto, había perdido de vista a Toni y Jordi-, nueva subida y, tras pasar por la famosa rampa al 19% -¡no al 15%, como pone la señal de tráfico!- de la fuente de las Cingleres, donde se habían parado Jordi y Toni a repostar -yo no paré, ¡ventajas de conocer el recorrido, compañeros! ¡Hay que mirárselo antes!-, aunque no les vi, empecé la bajada a Tavertet: cinco kilómetros en pista asfaltada, a velocidad de vuelo sin motor (yo mismo marqué 61 Km/h en un par de puntos), con la magnífica vista, a nuestra izquierda, de las "cingleres" sobre el río Ter, con el Pantá de Sau a la vista -a la vista ya no está la iglesia situada en el centro del pantano, lo que da idea del agua que hay-.
Justo al final de la bajada, me pasan como una exhalación mis compañeros de ruta de hoy -¡como debieron bajar por la pista asfaltada!- y, un poco más adelante, nos paramos para hacernos una gran foto, teniendo al fondo el Pantá de Sau.
En la foto de arriba, Alberto, Toni y Jordi con el Pantà de Sau, al fondo.
En la foto de abajo, Rosendo y las magníficas "cingleres" de Tavertet. ¡Impresionantes fotos!
Ya pasado Tavertet, subimos hacia el avituallamiento del km 41 y, allí, nos encontramos con Antonio. Comentamos un par de cosas y yo, rápidamente, me pongo en marcha ya que nos esperan unos diez kilómetros de bajada -con un intervalo central de dos kilómetros de subida, en forma de repecho duro-, y prefiero ir un poco por delante hasta que me "pillen" mis compañeros con las "olas de bajada". Nos metemos en zona nueva que no habíamos pedaleado en ninguna Cabrerès anterior. Pista estrecha llena de piedras y trampas, con varios "agujeros" en medio de la pista camuflados entre raíces y poca visibilidad, ya que las hojas de los robles y encinas dejaban pasar la luz, generando un montón de claroscuros que no te dejaban ver bien.
Por supuesto, al par de kilómetros de bajada, aparecieron un par de "olas" con maillot de la Penya y, en vista de la longitud y dificultad de la bajada, me despedí de ellos con un "nos vemos en meta". Con la suspensión tocada y el terreno en esas condiciones, no me quedaba más remedio que bajar con cierta tranquilidad, aunque hubo más de un momento en que mandé todo a "hacer puñetas" y pasaba por encima de las rocas y raíces con un "que sea lo que Dios quiera" y, en más de un salto, casi me voy al suelo......¡hasta que me fuí al suelo! En una "trampa" tras un escalón de raíces, me encuentro un "agujero". Se clava la rueda y, claro está, vuelta de campana. Ya me veía en el hospital otra vez. Pero, esta vez, no me hago nada, sólo un fuerte rasguño en un dedo y el móvil con su cristal roto.....¡No, se me echa la bici encima! Claro, también tiene derecho a hacer su vuelta de campana; pero consigo poner los brazos y todo se queda en un golpe del cuadro contra el casco. ¡Xavi, ya ves, el casco sirve para algo!
Al llegar al km 51, al que quería llegar más o menos relajado para la subida final, estoy reventado de usar los frenos, de esquivar, por el lado malo, a la gente que se paraba en medio de cualquier bajada, de hacer suspensión con el cuerpo. ¡Vaya panorama! Aún así, fuerzas había y, empiezo la terrible subida por pista asfaltada de siete kilómetros con 380 metros de desnivel positivo acumulado. ¡Durísimo! No veo a Jordi, pero sí a Toni, como unos 500 metros delante mío. ¡Que bien me habría venido su rueda! De todos modos, voy subiendo bien y pasa infinidad de "cadáveres", los cuales, destrozados, ya iban hasta con el plato pequeño. La subida no se acababa nunca y, a media subida, ¡otra vez mal puesto!, un avituallamiento en el km 54. ¡No, hombre, no! El avituallamiento se pone al final de la cota, ya que, tras una bajada se puede asimilar mejor.
Termina la subida. Ya sólo quedan diez kilómetros y, esperamos un poco de compasión. No es así. Nos meten una bajada trialera de frenos a tope, donde tengo que bajarme tres veces a relajar los brazos -lo comentamos todos, luego, en la comida- y, tras reponernos un poco, nos meten en una zona realmente preciosa, donde pasamos por el bosque cercano a L'Esquirol. Realmente espectacular, pero imposible de disfrutarlo en una BTT. Más de tres kilómetros, caminando a ratos, para ir subiendo unas escaleras naturales de raíz y piedra en las que todo el mundo tenía que ir caminando. ¡Mi cabreo fue espectacular y sé que Rosendo, Toni y Jordi opinan los mismo! No es de recibo, después de más de 60 kilómetros, se haga andar al "personal" con la "cabra" a cuestas. Da igual que sea en subida, en llano, o en bajada, o, incluso, en trialera, pero que se llegue a meta montado en bici. Está claro que muchos ciclistas populares se preparan para hacer esa distancia y, quieren llegar a meta decentemente. La cantidad de ciclistas en esa zona, a los que adelanté caminando -por algo hago carreras a pie y me sirvió ayer- y a otros muchos "tirados" en el suelo con mil y una rampas fueron incontables. Y no sólo eso, al tener que ir cargados con la bici y mirando al suelo, ¿qué disfrute del entorno y de la bici se tuvo? ¡Ninguno!
Pasado el cabreo momentáneo y tras pasar la "manta" de control de la pedalada larga -bien situada sobre el km 62 para evitar "tramposos". ¡Un Cabrerès con control de tiempo, vaya "tela"!- llegada a meta donde me encuentro con las "maquinas" de Jordi y Toni y con José Luis, Carlos y Jorge que ya llevaban un buen tiempo allí. Cervecitas, "claritas" y unas fotos para el recuerdo.
Las fotos de la llegada. En la de arriba, José Luis, Carlos y Jorge tras llegar de hacer la pedalada corta. En la de en medio, Jordi, Toni, Tomás, José Luis, Jorge, Carlos y Alberto y en la foto de abajo con Plato Pequeño. ¡Satisfacción unida a las caras de cansancio!
Satisfacción por haber hecho un nuevo Cabrerès más y, tras salir hacia La Devesa, comilona con risas, más fotos y comentarios sobre lo humano y lo divino.
Rosendo, Carlos, Jorge y Alberto tras haber arrasado con los canelones de Ca La Carmina en La Devesa. ¡Comilona brutal!
Yo, por mi parte, contento de ver a Rosendo, a pesar de sus lesiones y de la bici rota, más contento que yo por haber disfrutado; a Jordi, casi sin haber sudado; a Toni, diciendo que no había vista tantas olas como hoy, a Carlos, todavía medio mareado, contento de haber acabado en esas condiciones (ya nos contarás que hay en el cuello esperando que no sea nada): a Jorge y a José Luis, radiantes con su camiseta de regalo B-Pro (¡vaya morro!); a Tomás contento con su tiempo y haber aguantado la larga, junto a Antonio, como campeones; a Angel y su amigo Juan riendo y disfrutando....En fin, y para remate, ¡esos canelones, esa fideuá, ese "pollastre amb prunes" y esas natillas, y esos helados y.....¡unos cuantos cafés, para poder conducir de regreso! Con todo eso; con haber conocido a los "platicos" -por cierto, sé que Isa tuvo una caída fuerte y espero que se recupere pronto-; a Jordi y Basilio, junto a la mujer de Jordi, compañeros de "spinning" de Xavi y de mi mujer, y que hicieron la corta y la disfrutaron como "novatos" que eran; los senderos y trialeras "buenos"; las vistas, siempre impresionantes del pantá de Sau y sus "cingleres"; el ritmo de subida.....¡Con todo, ya que todo eso es el Cabrerès, nos quedamos! ¡Hasta el año que viene!