domingo, 17 de julio de 2011

10º aniversario en la Pica del Canigó








Cuando hace unos meses, Jorge y yo planteamos ir a la Pica del Canigó para conmemorar el 10º aniversario de la Penya -¡como si fuese nada del otro mundo!- no nos imaginábamos el conjunto de cosas que nos iban a pasar por la cabeza. Se trataba, sencillamente, de llegar, coger la BTT, después ponerse las zapatillas y subir a la Pica, bajar, coger el coche y a casa.

Pero no. Fue algo más, no solo por la dureza del recorrido, sino porque cada uno de los que fuimos –Alberto, Antonio y Jorge-, seguro, cumplimos un reto y, durante las seis horas de ejercicio físico, tuvimos tiempo de pensar, reflexionar y emocionarnos de forma muy personal.

Salimos de L’Hospitalet a las 4:30h de la madrugada con la ilusión a tope y “dándolo todo” en la autopista llegamos a la parte de Catalunya que, desgraciadamente y desde el Tratado de los Pirineos del año 1.659, pertenece al estado francés. Aún yendo en coche, con la dificultad añadida de poder fijarse en detalles, observo con cierta alegría que, a pesar de la gran ofensiva “afrancesante” de los años 50-70 -avivada por el odio a lo español que los franceses nos tenían por culpa de la tremenda dictadura que nos “ahogaba”- por finiquitar la pequeña pero intensa actividad catalana que en el Rosselló, el Conflent, el Capcir y el Vallespir se mantenía, la toponimia de pueblos y aldeas reflejaba, claramente, que todas esas antiguas regiones habían sido catalanas: Aiguatèbia, Rivesaltes, Rià, Taurinyà, Eus, Los Massos, Vernet, Valmanyà, Prada y tantas otras. Pero, sin duda, la presencia francesa con sus pasos de nivel en carretera típicos de ellos, la campiña llena de melocotoneros y sus rótulos era bien presente. Pero, repito, la presencia catalana es notable.












El impresionante macizo del Canigó, desde la N-116, a la altura de Eus





Ya llegando a Eus –unos diez kilómetros antes de Prada de Conflent- observamos, imperial y a lo lejos, el tremendo macizo del Canigó: una impresionante masa de picos que separa el Conflent y el Vallespir del Rosselló con nombres tan catalanes que, sin dudarlo, crees que estás en cualquier parte de Catalunya: el Tretzevents, el Pic Jofre, el Pic de l’Infern y muchos más, todos ellos “dominados” por el Canigó que, con sus 2.781 metros de altitud, domina absolutamente sobre todos ellos. No solo por su altitud sino por su forma piramidal y por su magnífica chimenea que observamos una vez arriba.

A las 8:30h, tras subir, en coche, por la pista forestal de las Gorgues del Llec -23 kilómetros de pista de tierra realmente dura para los coches y que nos tomó, prácticamente, una hora-, llegamos al Refugio de Cortalets, a 2.135 metros de altitud, preparamos las “cabras” y nos lanzamos en descenso, por la misma pista, hacia Villerac. Desistimos -por culpa de la previsión del tiempo que, luego, para variar, fue errónea, y que pronosticaba lluvia a partir de las 15h- de hacer la bajada por la pista del Coll de les Voltes, hacia Taurinyà, que hemos prometido hacer la próxima vez ya que, como comenté en el “post” anterior sobre la salida, es mucho más bonita, con sus túneles excavados en la roca, y más técnica.





Preparados en el parking del refugio de Cortalets



Eso sí, aparte de que nos sirvió para calentar un poco, pudimos disfrutar, sin jadeos, de las fenomenales vistas de les Gorgues del Llec. Tras los 19 kilómetros de descenso, llegamos al Coll de Forn, justo al lado del pueblo de Villerac, en donde, tras una fotos y ver alucinados como se preparaba un grupo de barranquistas para ir a las Gorgues, empezamos los 19,1 kilómetros con 1.345 metros de desnivel positivo acumulado de ascensión, casi sin respiro, que nos aguardaban.

Ni que decir tiene que el descenso estuvo presidido por Antonio y su bici de casi 15 kilos. Como él decía, solo con montarse en ella, bajaba solo. A una distancia visual bajaba yo con mi Specialized de doble suspensión y, más atrás, “sufriendo” con su Orbea Alma Carbon rígida, Jorge nos seguía. ¡Pero, luego, en la subida serán dos kilos menos que la mía y casi cuatro que la de Antonio y lo sufriremos nosotros!




Nuestros "supporters" barranquistas animándonos en la subida, cerca del Coll de Forn





Empezamos a subir. La subida desde el Coll de Forn hasta el refugio de la Molina, aunque no baja del 6% de media, se lleva bien. Teniendo, siempre a nuestra izquierda, las vistas de les Gorgues, disfrutábamos del paisaje y estábamos ilusionados con lo que nos esperaba. Adelantamos a un grupo de barranquistas a los que saludamos en francés para ser respondidos…..¡¡en catalán!! Fue así en casi toda la subida. Se respiraba catalanidad por todas partes con saludos cruzados con catalanes, incluso de Perpinyà y otras localidades rosellonesas. ¡Increíble, casi como en casa!



En el refugio de Mas Malet





Llegamos al refugio del Mas Malet y, unos kilómetros más arriba, al de la Molina. Y, a partir de allí, nos esperaban unos 11 kilómetros realmente duros hasta el Cortalets. El primer repecho de más de un kilómetro nos asustó de verdad: el GPS marcaba picos del 15% en varios tramos y no bajábamos del 10%. Había que regular ya que estábamos en cota 1.135 y todavía quedaban ¡¡1.000 metros de desnivel en solo 10,5 km!! Menos mal que, entre paradas para hacer fotos y comer y el buen tiempo que hacía –no se notaba calor en exceso- y, sobretodo, la ilusión por llegar a la Pica, se hizo más llevadero además, claro está, de llevar un ritmo de pedaleo más sostenido. ¡No es como en Collserola que nos damos unos buenos “calentones” en nuestras subidas de dos o tres kilómetros!




Antonio y Alberto subiendo por la pista del Llec



Dos pequeños puntos en el centro de la foto: Alberto y Antonio con el impresionante desfiladero de las Gorgues del Llec a nuestra izquierda



Antonio, y abajo, muy abajo, el río Llec





Encontrándome un poco mejor en la subida que Jorge y Antonio, aunque, siempre, dentro del campo visual -¡vaya cracks: Jorge, tras la Quebrantahuesos, prácticamente fuera de forma y Antonio, aunque en forma, sufriendo con su bici de casi 15 kilos, estuvieron “de 10” en toda la subida!-, aprovechaba para hacerles fotos y vídeos que, luego, me “devolvían” cuando retomaba la marcha. ¡Hicimos tal cantidad de fotos y vídeos que nos permitirán “ver” todos los vericuetos del recorrido! Aparte de las fotos que os voy poniendo para “salpicar” la crónica, os pongo un vídeo del paso de Jorge y Antonio por una de las herraduras de la subida desde el refugio de la Molina hasta el Ras de Prat Cabrera realmente significativas de la dureza del recorrido. ¡Ufff, “vamos, vamos” les gritaba en el vídeo y no era para menos!






Jorge en el refugio de la Molina



Está claro el destino y cuánto nos faltaba, pasado el refugio de la Molina





La subida fue amena ya que, aparte de lo anterior, las vistas del río Llec, con sus cascadas, las vacas que pastoreaban libremente, los coches que subían a Cortalets animándonos, un grupo de “randonneurs” franceses con su frase: “Quel courage!!” que nos subieron la autoestima en la parte más dura del recorrido: dos kilómetros tremendos al 9%, justo antes de llegar al Prat Cabrera y la vista del Canigó ya más cerca.




Antonio con las vacas cerca de Prat Cabrera





Una de las tremendas herraduras de la subida, tomada por Jorge, en el Ras del Prat Cabrera






video

Por si el efecto óptico de la foto anterior no os servía, en el vídeo podréis ver la dureza de la herradura en cuestión....¡Uff!







Una vez llegados al Ras de Prat Cabrera, a 1.730 metros de altitud, aún nos quedaban cuatro kilómetros hasta el refugio de Cortalets (3,2 kilómetros hasta el Coll de Cortalets a 2.055 metros de altitud). Pero, calculando, me animaba pensando en que 4 kilómetros y 300 metros de desnivel positivo acumulado es lo más parecido a subir desde nuestra RENFE hasta la Plaça Mireia, con lo cual era hacer un último esfuerzo y ya estaba…. Pero, ¡no! No llegó a ser duro en cuanto a desnivel medio pero había unas rampas “sueltas” al 13-14% que, con lo que llevábamos acumulado, unido a que era, sin duda, el peor tramo de la subida en cuanto a piso -piedras y más piedras que hacían “bailar” las suspensiones continuamente- nos hizo sufrir. Eso sí, la foto coronado el Coll de Cortalets fue inmensa. Incluso, Antonio, que se había quedado descolgado, llegó arriba con una alegría tremenda. Eso sí, justo detrás del coche de mi hermano Ferran, que llegaba con sus amigos, y que iban a acompañarnos en el tramo a pie.




En el Coll de Cortalets: ¡subida realizada!





Sin más y tras presentarnos –un abrazo desde aquí a los que nos acompañasteis: mi hermano Ferran y sus amigos David, Cristina, Pepe y Cristina- y hacer las fotos pertinentes, nos dirigimos a hacer el último kilómetro al 9% (de cota 2.055 a cota 2.135) hasta los coches. Nos cambiamos de ropa, de zapatillas –menos Antonio que llevaba unas Gore Tex mixtas con los calapiés-, de mochila y nos vamos al bar del refugio.

Gran tertulia entre todos sobre la subida, con la moral a tope para hacer el tramo a pie, nos tomamos -¡¡grave error mío que, luego, explicaré!!- unas cervezas locales del pueblo de Bouleternère, junto a nuestros respectivos bocadillos. Hacemos foto de grupo en el refugio y nos lanzamos a subir los 5 kilómetros con 650 metros de desnivel positivo acumulado hacia la Pica del Canigó. Antonio, tremendamente recuperado tras tomarse sus ¡¡dos cervezas del país!! –por lo que se vió, ¡le sentaron de maravilla!-, toma la delantera a buen ritmo, seguido de cerca por mi hermano Ferran y un servidor. Los demás, detrás, pero cerca para estar siempre en contacto visual por lo que pueda pasar.






Empezando la ascensión a pie hacia la Pica del Canigó con Jorge en primer plano, por detrás de Antonio y, más adelante, mi hermano Ferran



Pasamos cerca del Ras dels Estanyols, donde hacemos una foto al estanque principal, precioso, lleno de hojas verdes en una vista de postal y ya, desde allí, nos desviamos hacia el Pic Jofre, donde, realmente, se endurece la ascensión. Antonio empieza a alejarse, aunque le vemos, y yo, sin saber muy bien por qué, empiezo a encontrarme mal y, además de estar sudando en exceso, empiezan a acelerarse en demasía las pulsaciones. No sé qué me pasa ya que, en la subida en BTT, como he comentado, iba delante de los compañeros y me encontraba fenomenal de piernas.
Empiezo a pensar y -¡cuando pienso demasiado!- me equivoco. Creo que me falta algo de carbohidrato y, como he hecho otras veces, me tomo un gel. ¡Craso error: no era problema energético: con un bocadillo, fruta, cerveza, agua y un trozo de membrillo estaba perfectamente hidratado! Realmente, algo me había sentado mal. ¡A saber! Pero, claro, el remedio fue peor y….¡ya contaré luego!








Antonio al inicio de la subida a pie. ¡Os aseguro que llegó fresco como una lechuga! ¡Vaya crack!






Jorge trepando "como las cabras". O sea, "tirando por el camino de en medio". ¡Otro crack!





Me pasan todos y empiezo a tener arcadas y dolor de estómago, aunque Jorge y Cristina, a pesar de insistirles en que siguiesen, invocando a ese espíritu de compañerismo que existe en la montaña -¡¡gracias a los dos: vosotros sí que sois unos “cracks”!! Además, estoy seguro que si Antonio me hubiese visto se habría quedado conmigo-, se quedaron “controlándome”. A partir de ahí, ya pasado el Pic Jofre, empezó mi calvario aunque, dando gracias a ello, pude observar las impresionantes vistas hacia el Rosselló, con los pueblo de Prada y Eus al fondo. ¡Realmente impagable! La subida ha dejado de ser un sendero empedrado para convertirse en piedra suelta absoluta y tenemos que empezar a apoyarnos, de vez en cuando, en las manos. Antonio y mi hermano Ferran que le seguía para “controlarlo” están fuera de nuestras vistas y Jorge y yo nos vamos haciendo fotos.




No sé ni cómo pude levantar el dedo: ¡¡medio muerto tras la gran vomitada!!





Llega un momento en que me digo basta y me siento. A los pocos minutos, lo inevitable. Lo vomito todo: el membrilo, la cerveza, el gel, el agua, el bocadillo. Como os digo: Antonio y Jorge estuvieron inmensos y yo estuve “inmenso” en mi generosidad con la montaña ya que le deje tal cantidad de fluidos -¡eso sí, me alejé lo suficiente para no hacerlo en el camino!- como recuerdo que, seguro, no me olvidará, je, je…. ¡Indigestión unido a hiperglucemia: terrible!
Como siempre sucede en esos casos, tras vomitar me encontré algo mejor y, por ello, estando en marcha es el momento para reanudarla y aprovechar esos momentos hasta que llega la debilidad. Miro hacia arriba. Jorge se lo está pasando en grande saltando por las piedras y, cada dos por tres, nos giramos para ver de dónde venimos y hacer más fotos. Repito: es inenarrable la vista. Hay que estar allí. Empiezo a aflojar, tengo frío y siento las piernas débiles. Intento beber algo, pero tengo arcadas. Pienso en abandonar, pero, al levantar la vista, veo la cruz de la Pica y a mi hermano haciéndome señales. ¡Ya llegamos! Quiero decir: ya llego, ya que Antonio debe llevar más de 10 minutos esperándonos. ¡Tremendo: pásate al senderismo y deja la BTT, amigo Antonio!

Y unos minutos después, ¡¡llegamos a la Pica del Canigó!! Emociones a tope. Llego temblando de alegría, de emoción y….. de flojera física. Allí estamos, en la Pica, junto a la cruz y al monolito con la vuelta al horizonte que sirve de guía. ¡Lástima de la niebla intensa que no nos permite ver ni el Mediterráneo, ni el Carlit, ni Perpinyà, ni los increíbles “valls aspres” (Vallespir), ni siquiera Girona! Eso sí, tras los abrazos y las fotos pertinentes de grupo, Antonio, Jorge y yo nos hacemos la foto, dedicada a toda la Penya, con nuestro maillot: ¡momento emotivo después de diez años pedaleando!


Antonio, Alberto y Jorge en la Pica del Canigó: ¡emoción y alegría desbordada! Dedicado a toda la Penya Canigó

Tras el descanso para comer algo y recuperar fuerzas, se abre un poco la vista hacia el Coll de Merialles y podemos ver la impresionante chimenea del Canigó, en la vertiente noroeste, observando como la subían y bajaban varios excursionistas. Cristina me “salva” con media manzana que, esta vez, sí aceptó mi cuerpo. Llegan dos parejas de excursionistas catalanes que habíamos visto en el refugio, con sus dos perros montañeros que casi dejan a Jorge sin su bocata de chorizo, ja, ja. Pero, lo más impresionante, fue el ver llegar ¡¡corriendo!! a una pareja de corredores de montaña –hombre y mujer- ¡¡que habían subido previamente en BTT como nosotros!! y que, posteriormente, volverían a pasarnos, también corriendo, en la bajada. Como diría más de uno: ¡brutal!

Iniciamos la bajada. Ferran se queda conmigo ante mi evidente flojera para ir hidratándome, aunque ya me encontraba bastante mejor. ¿Y Antonio? ¡Bajó corriendo, disfrutando como un chiquillo! ¡Vaya crack! Sin dudarlo, estando bien, te habría acompañado corriendo en la bajada ya que apetecía. Cuando llegamos al Pla de les Estanyols, ¡estaba tumbado en un banco de piedra, esperándonos! Y eso que, a pesar de todo, nosotros bajamos rápido y acortando.

Una vez en el refugio, estiramos, nos tomamos un refrigerio –más bien ellos ya que yo seguía con mis sorbitos de agua, con las ganas que tenía de tomarme unas claras, eso sí, esta vez de Estrella, no del “brebaje” francés que me suministraron y que, creo, que fue el culpable de mi indigestión-, charlamos de la tremenda alegría que nos ha supuesto, sin duda, subir a la Pica que tiene el nombre de nuestra Penya y –al menos, en mi caso- de la escuela de mis hijas. Por mi parte, me alegro muchísimo que Jorge y Antonio hayan disfrutado de la salida y de que, además, el tiempo nos haya respetado: no cayó ni una gota de lluvia.

El regreso en coche –Jorge en el suyo junto a Antonio; yo en el mío ya que pasaba por Girona a recoger a mi hija pequeña- aunque largo y pesado -fueron casi cuatro horas de viaje de ida y otras cuatro de vuelta-, fue reconfortante: hacer nuestro deporte, en un lugar diferente, sintiéndonos como en casa, como en Catalunya, lo fue. ¡Repetiremos!



Y, como nos dijo nuestro querido amico Platico Mosquito Navarro: Al llegar arriba, con la emoción y el desgaste físico, efectivamente, creimos ver a Dios....

6 comentarios:

bicialmuerzo dijo...

Fantástico Alberto, pedazo de reto conseguido, lástima que no os acompañaran muchos más de la Penya Canigó, muy buena oportunidad, pero ya se sabe, la cosa es dificil. Pero buena, enhorabuena a la Penya por conseguirlo. Un abrazo

jorge dijo...

Gran cronica para el magnifico dia que a significado poder subir hasta el canigo, a sido uno de mis mejores dias de disfrute con btt y pateada,paisajes de ensueño y con la emocion de llegar a dicha cruz.

Txarly dijo...

¡¡¡ENHORABUENA A LOS TRES!!!
Menudos cracks estais echos. Como ya os he comentado, me quedé con todas las ganas de ir, ya que por lo que cuentas tuvo que ser impresionante. Que envidia me habeis dado.
Alberto, espero que ya estes recuperado, que mala suerte tuviste aunque ambién tuvo mucho merito subir en esas codiciones.
Un abrazo a todos.

Andres dijo...

Enhorabuena cracks¡¡¡ Habeis hecho un mito en la penya.
Felicidades.

Alberto Lázaro dijo...

Gracias Bicialmuerzos, Carlos y Andrés. Sin duda, algo para recordar. Un abrazo

Bruno dijo...

¡Uf, que tarde llego...!
Bueno, en cualquier caso, comentarte, Alberto, que has hecho una crónica muy buena. Casi me ha parecido estar allí.
Enhorabuena por el reto conseguido, que tuvo que ser muy emocionante. Y tú además pasándolo "un poco" mal. Mucho mérito tienes por haber seguido adelante. Un gran día pasasteis. ¡Enhorabuena otra vez!
Y gracias por la invitación, pero es que mi rodilla no habría aguantado la bajada, y no era cuestión de tentar a la suerte...
Pero se agradece el detalle.
Saludos